La compasión por mucha gente es entendida como sentirse mal por el otro, y tener gestos de buenas intenciones con el que sufre o está en desventaja. Pero nada está más alejado de lo que la compasión es y de donde surge auténticamente.

Viviendo en Sri Muktananda Ashram, una vez un swami me compartió que un verdadero guerrero apuntaba la flecha primero hacia sí mismo antes de apuntar a una falta o defecto “externo”.

Esa hermosa analogía tiene una profunda conexión con la semilla de la compasión. La compasión viene de una profunda exploración y trabajo con nuestra propia sombra, del reconocimiento y entendimiento de su naturaleza, y finalmente de su integración. Si lo anterior no sucede, es muy probable que la compasión sólo sea una necesidad de afirmarnos “buenos”, “buena onda” en nuestra vida.

Quiero aclarar que aunque hay linajes específicos que trabajan con la sombra, como el Budismo Shambhala y la tradición Vajrayana, la posibilidad de trabajar profundo en éste tema en específico es poca pues la sombra es dificil de acceder de forma terapéutica.

La relación de la compasión y la sombra se reduce en ésto:

Mientras más nos conocemos, mas no damos cuenta de lo que nos agrada y queremos mantener en nuestro ser, y de lo que no nos gusta, el truco está en que no nos desechamos de la sombra porque eso no es posible. La asociación implantada de sombra con “malo” en nuestra sociedad ha sido causa del mal que queremos erradicar.
Cuando la sombra se integra sana y funcionalmente, se suma al proyecto de nuestra alma, de nuestro llamado de vida. Y toda la energía que consumía de nosotros por defenderse y esconderse, está disponible para propósitos trascendentes y significativos.

En Integra Yoga trabajamos la sombra-compasión de forma gradual con ejercicios bioenergéticos y prácticas Budistas antiguas como el Tonglen. Y de forma más intensa y específica en talleres especializados con terapia Psicocorporal y Bioenergética.

Por eso Integra Yoga nació, de la necesidad de tocar y trabajar aspectos que no tienen alcance con la práctica tradicional del Yoga. De crear coherencia y dejar de juzgar al otro, porque la falta que ves en el otro la has reconocido como semilla o como acción dentro de tí.

Piensalo, contempla. Todo lo que nuestra alma desea que hemos reprimido, y no nos permitimos hacer y expresar, se vuelve aquello que juzgamos y en su expresión más intensa, castigamos.

Por eso el judío no puede ser musulmán, y el musulmán no se permitirá ser judío.

La monja pecará en pensamiento de tu actividad sexual.
El homo fóbico es un gay que nunca se permitió porque le fué reprimido con violencia.

La compasión surge y crece en cuanto tu eres permisivo o permisiva en explorar el llamado de tu corazón más allá de tu identidad y del discurso propio y de los demás, de lo que debes y no debes hacer en ésta vida, con tu cuerpo, con tu mente y espíritu.

Ahí te va un twist que he creado sobre una de las frases más hermosas y famosas de todos los tiempos:

“Con la vara que tú te mides, mides a los demás”

Que pasa despues de medirnos y medir a los demás con esa misma vara?

Hay Compasión?
Hay Violencia?

Depende de tu trabajo personal.

Con cariño,
Dhruva.

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